Transformando la ideación suicida en esperanza

Por Katherine Ponte, BA, JD, MBA, NYCPS-P, CPRP | septiembre 11, 2019
Traducción por Ana María Solbes

Desde muy temprana edad, me guiaba por los marcadores de éxito convencionales: logros académicos y profesionales y, más importante aún, por la riqueza económica. Como hija de inmigrantes, estos indicadores eran especialmente importantes para mí. Veía el dinero como una forma de trascender las barreras culturales, pensaba que tener suficiente dinero, establecería mi valor ante el país que nos adoptó.

Bajo esa premisa, trabajé enfocada a ese sueño, siendo una excelente estudiante. Me gradué antes de tiempo, estudié una carrera y después la escuela de leyes. Primero me convertí en abogada y después quise especializarme en banca de inversión, para poder tener un mayor poder económico.

El inicio de mi carrera fue una vida de trabajo y nada más. Orgullosamente trabajaba de 14 a 16 horas al día, incluyendo fines de semana. Me jactaba de que podía trabajar toda la noche, quería ser adicta al trabajo. Observé que otras personas en el área se esforzaban igual que yo. Llegué a creer que el ser exitoso dependía de esto. Poco a poco, al percatarme que estaba agotada todo el tiempo y viendo que mi vida pasaba, mi perspectiva comenzó a cambiar.

Mi maestría y mi experiencia en la banca de inversión solo cimentaron mi creciente insatisfacción. Esta forma de sentir me forzó a cuestionar mi meta profesional, me percaté de que toda mi vida había estado trabajando por un sueño que me hacía sentir miserable. Mis ambiciones se desinflaron y no tenía un plan B, no encontraba la posibilidad de redireccionar mi energía hacia otra dirección. La depresión se apoderó de mí, me quitó toda esperanza, y después tuve mi primer episodio maniaco. Ese episodio y muchos otros que vinieron en los siguientes años, secuestraron mi vida.

De mis sueños a ideación suicida

De pronto, yo era “bipolar”. Para mí, eso no cabía en mi concepción de éxito. Traté de ignorar el primer episodio de manía y el diagnóstico. Me convencí a mí misma de que fue solo un episodio aislado y que no sería algo para siempre. Rechacé por completo la posibilidad de atenderme y esto me llevó hacia la autodestrucción.

Empecé a percibir que las personas me limitaban, creí en el estigma que la sociedad tiene en torno a las enfermedades mentales y empecé a auto estigmatizarme. Dejé de creer que lograría el éxito y que tendría una poderosa carrera. Me sentía una completa fracasada, como si hubiera decepcionado a mi familia, especialmente a mi esposo y a mis padres, estaba avergonzada.

Sentí que debía protegerme de las reacciones de la gente hacia mi “yo enfermo”. Alejé a las personas, rechacé cualquier tipo de ayuda, dejé de comunicarme con mi esposo y con mis padres, no respondía las llamadas de mis amigos, les dije que me dejaran en paz. Era una manera de sentir que tenía el control, me aislé por completo.

No tuve esperanza ni ayuda por muchos años. Sentía que no tenía razón para vivir, quería escapar de mi dolor y sufrimiento, estaba convencida de que nunca se detendría. Empecé a considerar el suicidio como una opción para arreglar esta situación. En mi cabeza, era la única manera. Conforme pasaron los años, mi ideación suicida poco a poco fue aumentando, hasta que se apoderó de mis pensamientos y de mi mente. Llegó un momento en que pasaba más tiempo pensando en las razones para morir que para vivir.

Finalmente, encontrando esperanza y significado

Durante mi última hospitalización debida a un episodio maniaco, tuve una sacudida de la realidad. Conocí un programa basado en el apoyo entre iguales y conocí ejemplos de personas con diagnóstico psiquiátrico que tienen una buena calidad de vida. Personas que no definieron el éxito con el tener dinero, sino con lo que los hace felices. Encontré una red de colegas, una comunidad diversa y vibrante, exitosa de muchas maneras, ellos me inspiraron. Me ayudaron a definir un nuevo camino para encontrar sentido a mi vida y luchar contra mis ideaciones suicidas. Estos son los tres principios que aprendí:

1. Éxito en tu carrera es hacer algo que te haga feliz

Está demostrado que ayudar a otros beneficia tanto a quien recibe la ayuda como al que la da. Esta es mi filosofía ahora. Todas las mañanas, despierto deseando inspirar a una sola persona, convenciéndolo de que la recuperación en la enfermedad mental es posible.

Desarrollé ForLikeMinds con esta meta. Quizá no me hará exitoso en la forma en que solía definirlo, pero me trae una riqueza inconmensurable. También disfruto ser voluntario en NAMI-NYC y escribiendo para el NAMI Blog. Saber que estoy contribuyendo para que otras personas entiendan acerca de las enfermedades mentales y ayudando a otros, le da un sentido real a mi vida.

2. No existe felicidad ni éxito sin una red de relaciones fuertes.

Por años, me distancié y me aislé de mi familia y amigos. Estaba tan abrumada con mi propio dolor y sufrimiento, que no me di cuenta de lo que le estaba haciendo a los demás. Durante 5 años o más, no hablé con algunos amigos, nunca me percaté de que ellos me necesitaban tanto como yo los necesitaba a ellos.

Cuando logré recuperarme, me disculpé con mi familia y amigos. Me di cuenta de que nunca dejaron de amarme, estaba equivocada mi percepción. Se enfocaron en que estaba de vuelta y no en que me hubiera alejado. Desde luego, muchos de mis antiguos amigos no me aceptaron de nuevo, pero los más importantes si lo hicieron.

Estos periodos tan largos de ideación suicida que experimenté no habrían ocurrido si no me hubiera aislado. El haber superado la ideación suicida, me permite darme cuenta del valor tan grande del amor de la familia y del apoyo de los amigos. Ahora, los nutro y aprecio, y ellos me mantienen bien, son prioridad para mí.

3. Para vivir bien teniendo una enfermedad mental, debes entender tu enfermedad mental.

Me tomó mucho tiempo aceptar el hecho de tener una enfermedad mental, que es una enfermedad crónica que no se quitará, pero que, a pesar de ello, puedo tener una vida plena. Requirió hacer muchos ajustes de mi parte, pero fue fundamental darme cuenta de que es preferible aprender a vivir bien con la enfermedad mental, que permitir que la enfermedad me atrape y controle mi vida.

También tuve que entender mejor los riesgos – especialmente el suicidio – del trastorno bipolar y no ignorarlos. He aprendido a respetar la seriedad de mi enfermedad y a hacerme responsable de su atención, tomando acciones tales como priorizar el tratamiento profesional.

He aprendido a transformar los pensamientos suicidas en pensamientos de esperanza. Ahora puedo controlar y lidiar con estos pensamientos. Este aprendizaje me empodera para ayudar a otras personas. La enfermedad mental puede quitarnos muchas cosas, pero las dificultades y la lucha que esto representa, puede acercarnos a descubrir el verdadero significado de nuestras vidas. Hoy tengo muchas razones para vivir, vivo con la esperanza de compartir y la quiero compartir con la mayor cantidad de personas posible.

Nota del autor: Quiero dedicar este escrito a las personas internadas en hospitales psiquiátricos. Al salir del internamiento, las personas con diagnóstico psiquiátrico tienen un riesgo de 100-200 veces mayor que la población general, de experimentar suicidio. Espero que, en lo más profundo de tu dolor y sufrimiento, encuentres la esperanza que tienes dentro de ti, para perseguir la hermosa vida que todos merecemos.

Katherine Ponte es una promotora de la salud mental, escritora y emprendedora. Es fundadora de ForLikeMinds, la primera comunidad virtual basada en el apoyo entre iguales, dirigida a personas con una enfermedad mental o que apoyan a alguien. Es la creadora del programa Psych Ward Greeting Cards en el que comparte personalmente sus experiencias de recuperación y distribuye tarjetas donadas a personas internadas en hospitales psiquiátricos, para ayudar a que las familias se comuniquen con su ser querido con diagnóstico psiquiátrico. Katherine es miembro del Consejo de NAMI en la ciudad de Nueva York.

Texto original en inglés
https://www.nami.org/Blogs/NAMI-Blog/September-2019/Turning-Suicidal-Ideation-into-Hope?utm_source=naminow&utm_medium=email&utm_campaign=naminow

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La importancia de no retrasar el tratamiento del trastorno obsesivo compulsivo

Muchos afectados sienten vergüenza y no se atreven a acudir al especialista o, cuando lo hacen, evitan hablar de todas sus obsesiones El trastorno obsesivo compulsivo afecta al 2% de la población.

Esta patología puede interferir de forma significativa en la vida cotidiana y causar un gran malestar psicológico. Sin embargo, muchas personas que padecen un TOC sienten vergüenza de sus obsesiones y compulsiones, de modo que pueden tardar hasta diez años en acudir a un especialista. De este modo, los síntomas se agravan y es frecuente desarrollar otros trastornos asociados, como depresión.

El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un trastorno de ansiedad que se caracteriza por sentir obsesiones y compulsiones. Las primeras son pensamientos o imágenes mentales que se presentan de forma espontánea y que a menudo se reconocen como absurdas o sin sentido. Las compulsiones son actos que se realizan para neutralizar la ansiedad provocada por las obsesiones. Cuando estas compulsiones se llevan a cabo de forma encadenada, se denominan «rituales». Pedro Moreno, psicólogo clínico especialista del Servicio Murciano de Salud y autor del libro «Dominar las obsesiones.

Una guía para pacientes», señala que entre los TOC más característicos figura el de la persona que siente que se contamina al tocar pomos de las puertas u otros objetos, sin necesidad de que estos estén muy sucios. «Necesita imperiosamente lavarse las manos para dominar la elevada ansiedad que siente tras tocarlos», precisa. En otros casos, es típico que se eviten estos contactos o que se mantengan, pero de una forma cautelosa, como abrir la puerta con el codo.

Otro ejemplo de TOC es sentir una inseguridad tremenda tras realizar determinados actos, como cerrar la llave del gas, apagar la plancha, cerrar la puerta del coche o conectar una alarma. Esa incertidumbre causa un alto grado de ansiedad que lleva a realizar comprobaciones frecuentes, pese a que en el fondo se sabe que son innecesarias. También es muy frecuente tener pensamientos agresivos, obscenos o de contenido sexual inapropiado.

Alteración en la vida cotidiana

Las obsesiones y las compulsiones provocan un gran malestar y limitan de forma muy evidente la vida personal, laboral o académica. Los individuos que sufren un TOC acostumbran a evitar multitud de situaciones habituales. Dedican mucho tiempo a las compulsiones y rituales con los que intentan calmar su ansiedad. «Pasan horas limpiando o se lavan cerca de cincuenta veces las manos en un día», explica el especialista.

Dedican buena parte a pensar en si apagaron la plancha o no y son capaces de abrir y cerrar la puerta del coche «hasta quince veces» cada vez que lo cambian de sitio. El sufrimiento psicológico lleva a muchos afectados a plantearse si son unos pervertidos o unos psicópatas, lo que contribuye a multiplicar su angustia. «Se escandalizan de sus pensamientos», indica Moreno. Si están obsesionados con que pueden hacer daño a un bebé, evitan todo lo relacionado con sus miedos, como coger al bebé en brazos, tener objetos punzantes cerca, acudir a lugares de culto religioso, quedarse a solas con niños a quienes nunca harían ningún tipo de daño, etc.

Más posibilidad de depresión

Los afectados evitan multitud de situaciones habituales y dedican mucho tiempo a rituales con los que intentan calmar su ansiedad

La depresión es una de las patologías que se asocian con más frecuencia a un TOC. Gemma García-Soriano, doctora en psicología y miembro del grupo de investigación sobre estos trastornos de la Universidad de Valencia, explica que «entre el 30% y el 50% de los pacientes con TOC sufren un episodio depresivo mayor o de distimia (episodio depresivo leve)».

En la mayoría de los casos, la depresión se desarrolla a consecuencia de la obsesión o compulsión, por las limitaciones derivadas de las continuas comprobaciones en el hogar. A menudo, el paciente vive esta necesidad de comprobar como una importante restricción de la libertad, que le genera problemas familiares y laborales (se puede llegar tarde al trabajo de manera sistemática porque antes hay que hacer múltiples comprobaciones).

A la vez, desarrolla una visión pesimista sobre el futuro y la posibilidad de mejorar, mientras que quien de manera continua tiene obsesiones desagradables relacionadas con agresiones a un ser querido, alcanza tal nivel de malestar, que llega a plantearse si es una mala persona y se perjudica su autoestima.

TOC y trastornos alimentarios

Por otro lado, el TOC y los trastornos de la alimentación tienen algunos aspectos en común. Gemma García-Soriano explica que el trabajo de los profesionales es estudiar si las creencias que desde los modelos cognitivos se han asociado al origen y mantenimiento del TOC (responsabilidad excesiva, perfeccionismo, fusión pensamiento-acción) se relacionan también con los trastornos de la conducta alimentaria (TA). «Y hemos observado que, efectivamente, es cierto», añade.

Los dos trastornos tienen aspectos en común: ambos tienen una elevada comorbilidad (es decir, a menudo se acompañan de otros trastornos), conllevan características de personalidad (sobre todo, las pacientes con anorexia y los TOC) como rigidez, perfeccionismo y constricción emocional, comparten una amplia gama de síntomas caracterizados por pensamientos intrusos, impulsos y rituales de conductas, y, en el aspecto biológico, ambos tienen un funcionamiento anormal del neurotransmisor serotonina.

Tratamiento complejo

Sin el tratamiento adecuado, el TOC empeora con el paso del tiempo. Sin embargo, quienes lo sufren sienten tanta vergüenza de sus obsesiones y compulsiones, que no se atreven a acudir al especialista. «Los TOC se realimentan por su propia dinámica, como ocurre con las fobias», explica Moreno. «En cambio, la depresión, es un trastorno mental que tiende a la remisión, si bien en algunos casos se cronifica», agrega. Una depresión típica se cura por término medio en nueve meses sin tratamiento. Con tratamiento, tarda en curarse de tres a cinco meses.

Respecto al TOC, es difícil que se cure por sí solo, ya que el paciente intenta evitar las situaciones, conductas o personas que disparan sus obsesiones. Es una forma comprensible de prevenir el sufrimiento y la frustración que conlleva la práctica de compulsiones y rituales. Además, este tratamiento es en general muy complejo por la timidez que sienten los afectados, que les lleva al principio de una terapia a no hablar de todas sus obsesiones y compulsiones.

Por tanto, el terapeuta debe ganarse la confianza del paciente para que sienta que advierte su malestar. «Una vez que se siente comprendido y que le explicamos la dinámica psicológica del TOC, se establece algo similar a un ‘mapa de obsesiones’ y se pactan los objetivos», apunta este especialista. Con frecuencia, el afectado tiene múltiples obsesiones y no es razonable intentar eliminarlas a la vez, ya que tendría un sufrimiento «tremendo e innecesario».

Primero se trabaja con las obsesiones que el afectado considera menos amenazantes y, a continuación, de manera progresiva, se intenta dominar la exposición y prevención de respuesta, que es una de las técnicas que más apoyo empírico acumula en cuanto a eficacia. Consiste en una exposición gradual a los estímulos que disparan las obsesiones e impide las compulsiones que se utilizarían para calmar la ansiedad. Se complementa con técnicas cognitivas y, en ocasiones, se administra también tratamiento psicofarmacológico.

AUTOESTIMA, CLAVE EN LAS OBSESIONES

Los aspectos relevantes para formar la autoestima pueden estar relacionados con los contenidos de las obsesiones. Éstas se clasifican en función de su contenido. Según un estudio llevado a cabo por la psicóloga clínica Edna B. Foa (Universidad de Pensilvania, EE.UU.), la mayoría de las personas que sufren un TOC tienen obsesiones relacionadas con la contaminación, los impulsos agresivos y las necesidades de simetría (orden). Menos habituales son las obsesiones relacionadas con temas sexuales, religiosos, acumulación de objetos e impulsos inaceptables.

Algunos científicos se han planteado que los contenidos de las obsesiones provocan mucho malestar porque tienen un significado personal. Es decir, atacan al núcleo de la autoestima de quien las padece. «En nuestro grupo de investigación, nos planteamos que es más probable que se desarrollen obsesiones sobre contenidos que van en contra de los aspectos en los que basamos nuestra autoestima», señala Gemma García-Soriano.

Cuando una persona sienta que para ella es muy importante ser pacifista y su autoestima sea alta al comportarse como tal, será más probable que, si tiene pensamientos contrarios a esta idea y que implican no ser inofensivo (obsesión de agredir a alguien), los valores malos se conviertan en obsesiones.

FUENTE: FUNDACION EROSKY

¿Qué es el TOC?

  • Una mujer consulta a su dermatólogo y se queja de que su piel está extremadamente seca y que casi nunca siente que está limpia. Diariamente toma una ducha de dos horas.
  • Un abogado insiste en preparar café varias veces al día. Sus colegas no se dan cuenta de que vive con el temor de que el café esté envenenado y su impulso es desecharlo. El abogado está tan obsesionado con estas ideas que se pasa 12 horas al día en el trabajo – cuatro de esas horas se las pasa preocupado por el café contaminado.
  • Un hombre no soporta botar nada a la basura; publicidad por correspondencia, periódicos viejos, envases de leche vacíos porque «todo puede contener algo valioso que podría ser útil algún día.» Si bota algo a la basura, «sucederá algo terrible.» Acumula tanta basura que ya no puede caminar en su casa. Como insiste que no puede ni debe desechar nada, se muda a otra casa en donde continúa acumulando cosas.

Estas personas sufren del trastorno obsesivocompulsivo (OCD, por sus siglas en inglés). El Instituto Nacional de Salud Mental calcula que más del 2 por ciento de la población estadounidense, el equivalente a una de cada cuarenta personas, sufre de este trastorno en algún momento de sus vidas. Este trastorno se presenta dos o tres veces más que la esquizofrenia y el trastorno bipolar.

Obsesiones

Son pensamientos perturbadores e irracionales — ideas o impulsos no deseados que se generan repetidamente en la mente de la persona. Una y otra vez aparecen pensamientos molestos, por ejemplo «Mis manos están contaminadas; me las tengo que lavar»; «Creo que dejé la estufa encendida»; «Voy a lastimar a mi hijo.» En cierto nivel, la persona sabe que estos pensamientos obsesivos son irracionales, pero en otro nivel teme que los pensamientos sean verdaderos y tratar de evitar esas ideas crea muchísima ansiedad.

Compulsiones

Son rituales repetitivos como lavarse las manos, contar, revisar, acumular o arreglar cosas. La persona repite estas acciones, quizá porque siente un alivio pasajero, pero no se siente satisfecha ni tiene la convicción de que ha concluido la acción. Las personas que sufren del trastorno obsesivocompulsivo sienten que deben realizar estos rituales o algo malo va a pasar.

En algún momento dado, la mayoría de las personas tienen pensamientos o comportamientos obsesivos. El trastorno obsesivocompulsivo ocurre cuando alguien siente obsesiones y compulsiones durante más de una hora todos los días, de una manera que interfiere con su vida. El trastorno obsesivocompulsivo con frecuencia se describe como «la enfermedad de la duda.» Los que lo sufren tienen «dudas patológicas» porque no pueden distinguir entre lo que es posible, lo que es probable y lo que no es probable que pase.

¿Quién sufren el trastorno obsesivocompulsivo?

Todo tipo de personas puede sufrir de este trastorno sin importar su grupo social o étnico, o si es hombre o mujer. Por lo general, los síntomas comienzan durante la adolescencia o en los primeros años de la edad adulta.

¿Cuáles son las causas del trastorno obsesivocompulsivo?

Se ha acumulado gran cantidad de evidencia científica que sugiere que el trastorno obsesivocompulsivo es el resultado de un desequilibrio químico en el cerebro. Durante muchos años, los profesionales del campo de la salud mental supusieron erróneamente que el trastorno obsesivocompulsivo era el resultado de una «mala crianza» o de defectos de la personalidad, pero en los últimos 20 años se ha comprobado que esto no es cierto. Los síntomas del trastorno obsesivocompulsivo no se alivian con psicoanálisis ni otras formas de «terapia de conversación,» pero sí existe evidencia de que la terapia del comportamiento puede ser eficaz, ya sea por sí sola, o combinada con medicamentos. Las personas obsesivocompulsivas con frecuencia dicen «por qué» tienen esas ideas obsesivas o por qué se comportan compulsivamente, sin embargo, las ideas y los comportamientos persisten.

A veces el trastorno obsesivocompulsivo aparece en aquellos que han sufrido una lesión cerebral, lo que sugiere que es un padecimiento físico. Si se le da un placebo a las personas deprimidas o que sufren ataques de pánico, 40 por ciento de ellas dicen sentirse mejor. En cambio, si se les da un placebo a las personas con trastorno obsesivocompulsivo, solamente el 2 por ciento dice sentirse mejor. Esta es una indicación de que se trata de un trastorno físico.

Los investigadores clínicos han vinculado ciertas regiones del cerebro con esta enfermedad. Han descubierto una fuerte relación entre la sustancia química cerebral llamada serotonina y la obsesocompulsión. La serotonina es un neurotransmisor que ayuda a que las neuronas se comuniquen entre sí.

Asimismo, en personas que sufren de este trastorno, los científicos han observado un aumento en el metabolismo de los ganglios basales y el lóbulo frontal del cerebro. Los científicos creen que esto causa movimientos repetitivos, pensamiento rígido y falta de espontaneidad. Las personas que sufren el trastorno obsesivocompulsivo con frecuencia también tienen altos niveles de la hormona vasopresina.

Para decirlo de manera más sencilla, hay algo en el cerebro que se ha quedado «estancado», como si fuera disco rayado. La doctora Judith Rapoport lo describe en su libro, The Boy Who Couldn’t Stop Washing, como «comportamientos de higiene fuera de control.» No es necesario, la información anterior es suficiente.

Típicamente, ¿cómo reaccionan las personas con trastorno obsesivocompulsivo ante su enfermedad?

Por lo general las personas con trastorno obsesivocompulsivo tratan de esconder su problema en lugar de buscar ayuda y, con frecuencia, logran ocultar los síntomas obsesivocompulsivos de sus amigos y colegas. Una consecuencia desafortunada de este secreto es que las personas con este trastorno no reciben ayuda profesional sino hasta años después del comienzo de la enfermedad. Para ese entonces, los rituales obsesivocompulsivos pueden estar muy arraigados y ser muy difíciles de cambiar.

¿Cuánto tiempo dura el trastorno obsesivocompulsivo?

Este trastorno no desaparece por sí solo, así que es importante obtener tratamiento. Aunque de vez en cuando los síntomas se podrían volver menos severos, el trastorno obsesivocompulsivo es una enfermedad crónica. Afortunadamente existen tratamientos eficaces que pueden controlar la enfermedad más fácilmente.

¿La edad es un factor en el trastorno obsesivocompulsivo?

Por lo general el trastorno obsesivocompulsivo comienza a una edad temprana, con frecuencia antes de la adolescencia. Al principio se podría confundir con el autismo, el trastorno penetrante del desarrollo o el síndrome de Tourette, una enfermedad cuyos síntomas pueden incluir dudas obsesivas y ganas compulsivas de tocar.

Al igual que la depresión, el trastorno obsesivocompulsivo tiende a empeorar a medida que pasan los años, si la persona no recibe tratamiento. Sin embargo, los científicos creen que si se da tratamiento a la persona cuando está joven los síntomas no empeorarán con el tiempo.

¿Cuáles son otros ejemplos de comportamientos típicos de las personas que sufren de trastorno obsesivocompulsivo?

Si una persona hace lo siguiente podría tener este trastorno:

  • Revisa cosas repetidamente, quizá decenas de veces, antes de sentirse lo suficiente segura como para irse a dormir o salir de la casa. ¿Está apagada la estufa? ¿Está cerrada la puerta con llave? ¿Puse la alarma?
  • Tiene miedo de hacerle daño a otros. Ejemplo: Un vehículo cae en un bache en una calle de la ciudad y el conductor teme haber atropellado a una persona. • se siente sucia y contaminada. Ejemplo: A una mujer le da miedo tocar a su bebé porque cree que lo va a contaminar.
  • Arregla y ordena cosas constantemente. Ejemplo: Un niño no se puede dormir hasta haber acomodado todos sus zapatos en fila correctamente.
  • Se preocupa excesivamente por las imperfecciones de su cuerpo — insiste en someterse a varias cirugías plásticas o pasa muchas, muchas horas al día levantando pesas para esculpir su cuerpo.
  • Se rige por números y cree que ciertos números representan el bien y otros el mal.
  • Se preocupa excesivamente por el pecado o la blasfemia.

Por lo general, ¿los profesionales reconocen el trastorno obsesivocompulsivo?

No se reconoce lo suficiente y con frecuencia este trastorno se diagnostica incorrectamente. Muchas personas tienen dos trastornos, como el obsesivocompulsivo y la esquizofrenia, o el obsesivocompulsivo y el bipolar, pero el componente obsesivocompulsivo no se diagnostica ni recibe tratamiento. Los investigadores creen que el trastorno obsesivocompulsivo, los trastornos de ansiedad, de Tourette y de la alimentación como la anorexia y la bulimia pueden suscitarse debido al mismo mal funcionamiento químico en el cerebro.

¿La herencia genética es un factor en el trastorno obsesivocompulsivo ?

Sí. La herencia genética parece ser un factor muy fuerte. Si usted padece del trastorno obsesivocompulsivo, hay un 25 por ciento de probabilidad de que uno de sus hijos también lo padecerá. Definitivamente parece que se presenta en familias.

¿Se puede tratar eficazmente el trastorno obsesivocompulsivo?

Sí, con la ayuda de medicamentos y terapia del comportamiento porque ambos afectan la química del cerebro, lo que a su vez afecta el comportamiento. Los medicamentos pueden regular la serotonina, reducir los pensamientos obsesivos y los comportamientos compulsivos.

Anafranil (clomipramina): Un antidepresivo tricíclico que ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de las obsesiones y compulsiones. Los efectos secundarios que se reportan con más frecuencia son sequedad de la boca, estreñimiento, náuseas, aumento del apetito, aumento de peso, somnolencia, fatiga, temblores, mareos, nerviosismo, sudores, cambios de la vista y disfunción sexual. También existe el riesgo de que se presenten convulsiones, lo que se piensa está relacionado con la dosis administrada. Las personas con antecedentes de convulsiones no deben tomar este medicamento. El Anafranil no se debe tomar junto con un inhibidor de la monoaminooxidasa (IMAO).

Muchos de los medicamentos antidepresivos conocidos como inhibidores selectivos de la reabsorción de serotonina (SSRIs) también han demostrado ser eficaces en el tratamiento de los síntomas asociados con el trastorno obsesivocompulsivo. Los SSRIs que se recetan con más frecuencia para este trastorno son Luvox (fluvoxamina), Paxil (paroxetina), Prozac (fluoxetina) y Zoloft (sertralina).

  • Luvox (fluvoxamina): Los efectos secundarios de este medicamento incluyen sequedad de la boca, estreñimiento, náuseas, somnolencia, insomnio, nerviosismo, mareos, dolor de cabeza, agitación, debilidad y eyaculación tardía.
  • Paxil (paroxetina): Los efectos secundarios que más se asocian con este medicamento incluyen sequedad de la boca, estreñimiento, náuseas, disminución del apetito, somnolencia, insomnio, temblores, mareos, nerviosismo, sudores y disfunción sexual.
  • Prozac (fluoxetina): Los efectos secundarios asociados más frecuentemente con este medicamento son sequedad de la boca, náuseas, diarrea, somnolencia, insomnio, temblores, nerviosismo, dolor de cabeza, debilidad, sudores, erupción cutánea y disfunción sexual.
  • Zoloft (sertralina): Entre los efectos secundarios que se reportan con más frecuencia mientras se toma el Zoloft son sequedad de la boca, náuseas, diarrea, estreñimiento, somnolencia, insomnio, temblores, mareos, agitación, sudores y disfunción sexual.

Nunca se deben tomar los SSRIs junto con los IMAOs.

¿Por cuánto tiempo debe una persona tomar el medicamento antes de evaluar su eficacia?

Algunos médicos comenten el error de recetar un medicamento solamente por tres o cuatro semanas. Esto no es tiempo suficiente. Se debe probar el medicamento sistemáticamente durante 10 a 12 semanas antes de que se pueda evaluar su eficacia.

¿Qué es la terapia del comportamiento? ¿Puede aliviar eficazmente los síntomas del trastorno obsesivocompulsivo?

La terapia del comportamiento es psicoterapia fuera de lo tradicional. Es «exposición y prevención de la respuesta,» y es eficaz para muchas personas con el trastorno obsesivocompulsivo. Se expone deliberadamente a la persona al objeto o la idea que produce miedo, ya sea directa o mentalmente, y después se le disuade o se evita que lleve a cabo la respuesta compulsiva usual. Por ejemplo, a una persona que se lava las manos compulsivamente se le puede pedir que toque el objeto que cree que está contaminado y se le niega la oportunidad de lavarse las manos por varias horas.

Cuando el tratamiento funciona bien, paulatinamente la persona siente menos ansiedad derivada de los pensamientos obsesivos y se puede contener de hacer las acciones compulsivas durante períodos prolongados de tiempo.

Varios estudios también sugieren que los medicamentos y la terapia del comportamiento son igualmente eficaces para aliviar los síntomas del trastorno obsesivocompulsivo. Aproximadamente la mitad de las personas con este trastorno mejoran significativamente con esta terapia, mientras que el resto mejora moderadamente.

¿Desaparecerán completamente los síntomas del trastorno obsesivocompulsivo con los medicamentos y la terapia del comportamiento?

La respuesta al tratamiento depende de cada caso. En la mayoría de las personas que reciben tratamiento con medicamentos eficaces, los síntomas se reducen en un 40 a 50 por ciento aproximadamente. Frecuentemente esto puede ser suficiente para cambiar la vida de la persona y permitirle funcionar adecuadamente.

Para unas cuantas personas ninguno de los tratamientos produce cambios significativos y otro pequeño número tiene la fortuna de pasar a una remisión total cuando obtiene un tratamiento eficaz con medicamentos o terapia del comportamiento.

NAMI autoriza la reproducción de esta información siempre y cuando se mencione a NAMI como autor (Julio 2005).

Reconociendo los síntomas del TOC

  • Primeramente es importante ser capaz de reconocer las características del trastorno obsesivo-compulsivo. Hay dos componentes principales del TOC: obsesiones y compulsiones. Las obsesiones son pensamientos persistentes y no deseados. Estos pensamientos son invasivos y recurrentes. Todos tenemos alguna obsesión, pero las personas que sufren de TOC experimentan estos pensamientos casi constantemente. Las obsesiones se pueden cambiar, pero su presencia es constante.
  • El segundo componente principal del TOC es compulsiones. Las compulsiones son comportamientos inevitables que una persona se siente obligada a llevar a cabo. A menudo, estas conductas son extrañas y aparentemente irracionales. Las personas con TOC suelen realizar estas conductas y rituales para aliviar la ansiedad provocada por sus obsesiones. Por ejemplo, si una persona está obsesionada con la duda de si cerró adecuadamente su puerta o no la cerró, él / ella puede sentirse obligado a revisar varias veces el cerrojo para asegurarse de que lo hizo.
  • Tenga en cuenta que una persona no tiene que experimentar los dos componentes de sufrir un TOC. Una persona puede tener pensamientos persistentes, pero no sentir la necesidad de realizar comportamientos específicos. Una persona también puede sentirse obligada a llevar a cabo comportamientos extraños, sin la presencia de obsesiones.
  • Sea consciente de los síntomas del TOC que se producen frecuentemente entre los que sufren. Las obsesiones y compulsiones difieren de persona a persona, pero ciertos síntomas son más comunes para los enfermos de TOC. Las personas con este trastorno a menudo se encuentran preocupados por la limpieza y la seguridad. Para aliviar estos sentimientos no deseados, se lavan a menudo o comprueban que las cerraduras estén bien puestas. Otro síntoma común es la compulsión de “contar”: muchas personas con TOC sienten la necesidad de hacer alguna actividad un cierto número específico de veces. No todo el mundo experimenta estos síntomas específicos, pero se encuentran entre los más comunes para las personas con TOC.
  • Es importante saber que una persona que tiene TOC suele ser consciente de que algo mal sucede en ella. Ella sabe que sus comportamientos y pensamientos son extraños e irracionales, pero no tiene ningún control sobre ellos.

El trastorno obsesivo compulsivo, sus causas y su tratamiento

Todos, sin duda, hemos pasado por momentos en los que una idea o imagen surge de pronto en nuestra mente sin ninguna advertencia. Puede tratarse de ideas o imágenes totalmente inconsistentes, o asuntos o situaciones que pensamos no deberíamos haber hecho o deberíamos haber hecho de distinta forma. Este tipo de pensamientos forman parte de nuestra vida y la mayoría de la gente no se preocupa por ellos y puede olvidarlos fácilmente. Para otros, sin embargo, estos pensamientos impertinentes y no deseados pueden convertirse en lo que los psicólogos llaman «obsesiones». Y muchas de estas personas no pueden deshacerse tan fácilmente de estas obsesiones.

Ése es el llamado trastorno obsesivo compulsivo o TOC.

¿Qué causa el TOC?

Aproximadamente una de cada 50 personas se ven afectadas por este trastorno en algún momento de su vida. Pero la cifra, dicen los expertos, podría ser mayor debido a que mucha gente con TOC prefiere esconder su padecimiento. A menudo la enfermedad se inicia en la adolescencia o principios de la adultez y afecta a hombres y mujeres por igual. Hasta ahora no se conocen las causas de este trastorno pero hay varios factores que podrían explicar su aparición. Por ejemplo, como en ocasiones suele ocurrir en varios miembros de una familia, se piensa que podría haber alguna causa genética.

También se ha visto que ciertos eventos estresantes pueden desencadenar el TOC. Algunos estudios han mostrado que un desequilibrio en los niveles de serotonina, un compuesto químico cerebral vinculado al estado de ánimo y las emociones, puede provocar el trastorno. Según el Royal College of Psychiatrists (Colegio Real de Psiquiatrias) del Reino Unido, el trastorno obsesivo compulsivo también puede desarrollarse cuando una persona es muy meticulosa, metódica y ordenada y estas características comienzan a dominar su vida.

Síntomas de TOC

Quienes sufren TOC se ven torturados diariamente por pensamientos que describen como «profundamente desagradables y angustiantes». Las obsesiones que experimentan estas personas pueden agruparse en «temas» comunes. «Muchos de nosotros llevamos a cabo rituales diarios que consisten en una serie de tareas que forman parte de la vida común» explica el doctor Robert Wilson, psicólogo especializado en TOC y autor del libro Overcoming Obsessive-Compulsive Disorder (Superando el Trastorno Obsesivo Compulsivo). «Por ejemplo, revisar que todas las puertas y ventajas estén cerradas antes de irnos a la cama es una rutina que nos garantiza que no nos robarán». «Pero con el TOC, estos rituales se salen de control», afirma el experto.

Quienes sufren el trastorno obsesivo compulsivo están dominados por la necesidad de llevar a cabo estos rituales, que se conocen como «compulsiones», y que son provocados por sus obsesiones. «Una persona con TOC, por ejemplo, puede llegar a revisar sus puertas y ventanas entre 50 y 100 veces cuando la obsesión por la seguridad se ‘instala’ en su mente» dice el doctor Wilson. «Las personas obsesivo compulsivas no tienen absolutamente ningún control sobre sus compulsiones», agrega.

Tratamiento

En ocasiones los individuos con TOC pueden ayudarse a sí mismos a superar el trastorno. Según el doctor Wilson, llevar un diario o un registro de los pensamientos que son problemáticos y revisarlos continuamente puede ayudar a algunas personas. «Pero es necesario hacerlo de forma regular, durante una media hora cada día, y al mismo tiempo se debe tratar de resistir cualquier comportamiento compulsivo» dice el experto.

Pero si esto no funciona, hay terapias habladas -como la cognitivo conductual- que pueden ayudar a las personas con TOC a cambiar sus conductas, deshaciéndose en primer lugar de los pensamientos de autocrítica que no son reales. También hay otras psicoterapias, como las técnicas de exposición y prevención de respuestas (que pueden usarse junto con la terapia cognitivo conductual) que pueden ayudar a combatir las compulsiones y ansiedades evitando que se refuercen unas a otras. «Esto permite a la persona enfrentar gradualmente la situación que teme y al mismo tiempo evita que lleve a cabo o complete sus rituales usuales de compulsión mientras la ansiedad desaparece» explica el doctor Wilson. Junto con las terapias habladas o sin ellas, el médico puede también recomendar un tratamiento farmacológico, por ejemplo de antidepresivos, que pueden ayudar a la persona con TOC aunque no esté deprimida.

Tal como señala el Colegio Real de Psiquiatras, aproximadamente seis de cada 10 personas mejora con la medicación y los síntomas del trastorno obsesivo compulsivo logran reducirse gradualmente. Y se ha demostrado que mientras se toman los fármacos se puede prevenir una recurrencia de la enfermedad, incluso después de varios años.

Fuente: BBC Mundo

El cerebro obsesivo-compulsivo se activa más con los dilemas morales

Los individuos con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracterizan por pensamientos persistentes y conductas repetitivas. Un nuevo estudio revela que estas personas desarrollan una preocupación significativamente mayor que la población general ante problemas de tipo moral.

SINC|07 noviembre 2012 09:56

Investigadores del Hospital de Bellvitge en Barcelona, en colaboración con expertos del Hospital del Mar y la Universidad de Melbourne (Australia), han comprobado que los pacientes con TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO, O TOC poseen una mayor sensibilidad moral.

“Ante un problema de tipo moral, las personas que sufren dicho trastorno de la ansiedad muestran de forma significativa una mayor preocupación”, explica a SINC Carles Soriano, investigador del hospital catalán y uno de los autores del trabajo publicado en los Archives of General Psychiatry. Mediante técnicas de resonancia magnética funcional, los expertos estudiaron las bases neurofuncionales de esta mayor sensibilidad moral.

Así, se midieron las activaciones cerebrales de un grupo de 73 pacientes con TOC y 73 controles sanos ante la presentación de diversos problemas morales, en las que los sujetos debían optar entre dos alternativas de consecuencias muy negativas.

Mediante técnicas de resonancia magnética funcional, los expertos estudiaron las bases neurofuncionales de esta mayor sensibilidad moral.

Por ejemplo, se les planteó el dilema del bebé que llora, clásico en las clases de filosofía. Se situaba hipotéticamente a los participantes en una guerra en la que soldados enemigos acechan su aldea y todos los vecinos se esconden en un sótano en el que hay un bebé que empieza a llorar. Si alguien no le hace callar, los soldados les descubrirán. ¿Sería lícito ahogar su llanto, con riesgo de asfixiarlo, para salvar a todos los demás? “Las activaciones cerebrales mostradas ante esta cuestión moral se compararon con las mostradas ante elecciones triviales, como elegir entre el campo o la playa para pasar un fin de semana”, apunta Soriano.

Los resultados verificaron que los sujetos con TOC sufren una mayor activación que los controles durante las situaciones de dilema moral en regiones de la corteza orbitofrontal, especialmente en su parte medial, una región relacionada con los procesos de toma de decisiones y con el desarrollo del sentimiento de moralidad.

“Estos datos permiten por primera vez objetivar la existencia de disfunciones cerebrales relacionadas con alteraciones en cogniciones complejas, como el sentimiento de moralidad”, continúa el investigador catalán. “Esto nos permite profundizar en la caracterización de los mecanismos cerebrales alterados en el TOC”.

Compulsiones para la ansiedad

El TOC se caracteriza por pensamientos persistentes, denominados obsesiones, que producen temor o preocupación y por conductas repetitivas, denominadas compulsiones, dirigidas a reducir la ansiedad asociada. Afecta al 2% de la población.

Se pueden diferenciar distintos tipos de pacientes afectados. “La mayoría se caracteriza por obsesiones de contaminación y compulsiones de limpieza, o por dudar de haber realizado correctamente algunas acciones importantes, como cerrar la llave del gas, lo que les lleva a comprobar reiteradamente si han realizado dichas acciones”, cuenta Soriano.

Existen además otros tipos de obsesiones y compulsiones, como las que presentan los pacientes que necesitan que los objetos de su alrededor estén perfectamente ordenados y en simetría, o las que presentan los pacientes que acumulan diversos tipos de objetos de los que no pueden desprenderse.

Por último, hay también pacientes con pensamientos involuntarios e indeseados de tipo sexual o religioso, que dudan de haber realizado algún tipo de conducta sexual no aceptable para ellos o de haber blasfemado. “Este último grupo de pacientes se identifica precisamente por ser de lo que presentan un mayor grado de hipersensibilidad moral”, concluye el investigador.

Referencia bibliográfica: Ben J. Harrison; Jesus Pujol; Carles Soriano-Mas; Rosa Hernández-Ribas; Marina López-Solà; Hector Ortiz; Pino Alonso; Joan Deus; José M. Menchon; Eva Real; Cinto Segalàs; Oren Contreras-Rodríguez; Laura Blanco-Hinojo; Narcís Cardoner. “Neural Correlates of Moral Sensitivity in Obsessive-Compulsive Disorder”. Arch Gen Psychiatry 2012; 69(7):741-749 SINC|07 noviembre 2012

Trastorno Bipolar en la Infancia

¿Qué es el Trastorno Bipolar en la Infancia (TBPI), y cómo se distingue del Trastorno Bipolar (enfermedad maníaco depresiva) que se presenta en los adultos?

Todas las personas que tienen la enfermedad Bipolar presentan cambios en su estado de ánimo, los cuales alternan períodos severos de excitación y alteración (manía) con estados depresivos graves (depresión). Sin embargo, mientras estos graves estados anormales de ánimo se presentan durante períodos de semanas o meses en adultos, los niños experimentan cambios de en su estado de ánimo en un mismo día. Las características más comunes en aquellos niños con trastorno Bipolar en la Infancia (TBPI) son estados de bajo nivel de energía por las mañanas que siguen aumentando en el nivel de excitación hacia el final de la tarde o por la noche.

No es raro que el episodio inicial del Trastorno Bipolar en la Infancia (TBPI) se presente como una depresión severa. Sin embargo a medida que los investigadores han seguido la evolución del trastorno en los niños, han observado un patrón que indica una tendencia de cambio de la depresión hacia los estados de ánimo bipolares.

¿Usualmente, el Trastorno Bipolar en la Infancia es hereditario?

Uno de los factores más importantes para poder dar un diagnóstico son los antecedentes de la familia. De acuerdo a varias investigaciones recientes, una historia de trastornos de ánimo (en especial de Trastorno Bipolar) y/o alcoholismo en ambos lados paterno y materno de una familia, parece estar frecuentemente asociado con el Trastorno Bipolar en la Infancia (TBPI).

¿Qué tan temprano en la infancia puede comenzar el Trastorno? ¿Cuáles son algunos síntomas tempranos?

Muchos padres reportan que sus hijos les han parecido diferentes desde la edad temprana, es decir, desde los primeros meses de nacido. Los padres describen su dificultad para apaciguar a los bebés y comentan que sus niños reaccionan exageradamente a estímulos sensoriales. También reportan comúnmente que tienen trastornos en el sueño y terrores nocturnos.

En las siguientes etapas de desarrollo del niño, se observan con frecuencia síntomas como hiperactividad, nerviosismo, dificultad para hacer cambios y altos niveles de ansiedad. Adicionalmente, como los niños se frustran con facilidad, tienen dificultad para controlar su enojo, son muy impulsivos (tienen dificultad para esperar su turno, tienden a interrumpir a otros) y frecuentemente tienen berrinches prolongados y violentos.

¿Existen otros diagnósticos psiquiátricos de la infancia que pueden ocurrir al mismo tiempo que el Trastorno Bipolar?

Es raro que el Trastorno Bipolar de la infancia se presente solo. Con frecuencia se ve acompañado de otros trastornos, tales como el trastorno de déficit de atención/hiperactividad (DA/HD), el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC), el Trastorno de Conducta de Oposición (Oppositional Defiant Disorder), y Trastornos de Conducta.

Se estima que de un 50 al 80 por ciento de los niños que tienen el Trastorno Bipolar en la Infancia tambien tienen diagnóstico de déficit de atención. En estos casos, es importante tratar el Trastorno Bipolar antes que el Trastorno de Déficit de Atención porque existe información de que los medicamentos estimulantes que se recetan frecuentemente para el déficit de atención (Dexedrina, Adderall, Ritalin, Cylert) pueden escalar las fluctuaciones de ánimo y comportamiento en aquellos niños con Trastorno Bipolar. Algunos investigadores clínicos sugieren que el recetar estimulantes a un niño que, tiene vulnerabilidad genética para desarrollar el Trastorno Bipolar, puede inducir a que el trastorno comience más temprano o pueda impactar de manera negativa los ciclos de la enfermedad.

¿Cuál es la diferencia entre el Déficit de Atención/Hiperactividad (DA/HD) y el Trastorno Bipolar en la Infancia (TBPI)?

Varios estudios han reportado que más del 80 por ciento de los niños que van a tener el diagnóstico de Trastorno Bipolar, tienen cinco o más de los síntomas primarios del Déficit de Atención – se distraen fácilmente, no prestan atención en los detalles, tienen dificultad para seguir instrucciones o terminar una tarea, están en constante movimiento, tienen dificultad para esperar su turno y tienden a interrumpir o a invadir el espacio de otros. De hecho, los problemas de atención son tan comunes en estos niños que frecuentemente reciben un diagnóstico de déficit de atención en vez de uno de trastorno bipolar. Actualmente, el trastorno de déficit de atención a menudo se presenta antes de que haya un claro desarrollo de los altibajos frecuentes del estado de ánimo y los berrinches prolongados que se asocian con el trastorno bipolar en la infancia.

Aunque el Trastorno Bipolar en la Infancia y el Trastorno de Déficit de Atención/Hiperactividad pueden tener síntomas similares, los orígenes o causas son diferentes en cada trastorno. Por ejemplo, en ambos trastornos se presentan problemas por mala conducta y la tendencia a ser destructivos, pero estas conductas a menudo parecen ser intencionales en los niños con Trastorno Bipolar en la Infancia mientras que en aquellos niños con Trastorno de Déficit de Atención las conductas son ocasionadas más bien por descuido o falta de atención.

Los berrinches y estallidos físicos repentinos, que también son característicos en ambos trastornos, aparecen cuando hay sobre estimulación de los sentidos y emociones en los niños con Trastorno de Déficit de Atención, mientras que estas conductas pueden presentarse cuando se ponen límites (por ejemplo, un simple “No” de uno de los padres) en niños con Trastorno Bipolar en la Infancia. Además, mientras que los niños con Trastorno de Déficit de Atención se calman después de tener estallidos en un lapso de 15 a 30 minutos, los niños con Trastorno Bipolar muy frecuentemente siguen sintiendo enojo, a veces durante horas.

Es importante notar que los niños con Trastorno Bipolar recuentemente tienen remordimientos después de los berrinches y comentan que no tienen control sobre su enojo. Otros síntomas, tales como la irritabilidad y perturbaciones del sueño, aparecen con frecuencia acompañados por terrores nocturnos que incluyen pensamientos tristes y relacionados con enfermedades, muerte o de amenazas a sus vidas (por ejemplo, guerra nuclear o animales que los están atacando). Tales síntomas se presentan en niños con Trastorno Bipolar pero muy raramente se asocian con el Trastorno de Déficit de Atención.

¿Cómo afecta la enfermedad el desempeño académico y las relaciones sociales del niño?

El déficit en la capacidad de mantener la atención o cambiarla a otra actividad, así como la dificultad para controlar sus movimientos después que los inician, son deficiencias que pueden repercutir de manera importante en la conducta en el salón de clases y en la capacidad de tener relaciones estables con sus compañeros. Otras características frecuentes del Trastorno Bipolar en la Infancia son la tendencia a distraerse, soñar despierto, ser impulsivos, brotes de energía que son difíciles de controlar para el niño y que lo llevan a cometer actos o comportamientos irritantes, así como a ser entrometidos o hacer interrupciones repentinamente.

Los padres, los maestros y los compañeros encuentran problemático el manejo de conductas que aparecen usualmente entre los seis y los ocho años, tales como la terquedad, la oposición y el ser mandones. Además, las personas relacionadas con alguien con Trastorno Bipolar tienden a tener tendencias a tomar riesgos, a desobedecer a las figuras de autoridad, así como una gran probabilidad de adicción a drogas como la marihuana y la cocaína. Adicionalmente, un alto porcentaje de niños con Trastorno Bipolar tienen al mismo tiempo problemas de aprendizaje, una discapacidad que puede repercutir de manera negativa en su desempeño académico y autoestima.

¿Deben los padres informar a los maestros?

Los maestros necesitan ser informados sobre los síntomas y las características del Trastorno Bipolar en la Infancia. La mayoría de las familias han encontrado que muchos maestros pueden convertirse en aliados después de que comprenden completamente los problemas que vive el niño día a día. El punto de vista de un maestro acerca de un niño está limitado por el período de tiempo en que conviven, que es cuando la mayoría de los niños bipolares son menos excitables y pueden tolerar y responder adecuadamente a las reglas sociales que pone el maestro. A menudo, los maestros observan solamente los problemas de atención del niño, sus movimientos inquietos y el ocasional exceso de energía que es difícil de controlar para el niño, pero no ven los berrinches explosivos.

¿Cómo se trata el Trastorno Bipolar en la Infancia?

La primera etapa del tratamiento es estabilizar el estado emocional del niño y tratar las perturbaciones del sueño y síntomas psicóticos. Una vez que el niño está estable, una parte muy importante para un plan de tratamiento completo incluye una terapia que le ayude a él/ella a comprender la naturaleza de la enfermedad, así como la forma en que afecta sus emociones y su comportamiento.

Debido a que hay pocos estudios de tratamientos hechos con niños, la mayoría de los médicos utilizan drogas que han tenido éxito en pruebas hechas con adultos con Trastorno Bipolar. Para estabilizar los estados emocionales los medicos recetan el carbonato de litio (Lithobid, Lithane, Eskalith), divalproex sodium (Depakote, Depakene), y la carbamazepina (Tegretol). Nuevas drogas como la gabapentina (Neurontin), lamotrigina (Lamictal), y topirimate (Topomax) están actualmente en la etapa de estudios clínicos y se están utilizando en niños (No se recomienda el Lamictal en niños menores de 16 años).

Nuevos medicamentos que se utilizan con frecuencia para el tratamiento de síntomas psicóticos y conducta agresiva son la risperidona (Risperdal) y la olanzapina (Zyprexa), mientras que la thioridazina (Mellaril), la trifluperazina (Trilafon), y haloperidol (Haldol) siguen disponibles. Clonazepam (Klonopin) y lorezapam (Ativan) también se utilizan para tratar los estados de ansiedad, para inducir el sueño, y para poner freno en los altibajos de los ciclos rápidos de actividad y energía.

¿Qué sucede cuando se usan drogas antidepresivas?

Hay varios estudios que han reportado porcentajes muy altos de manía o hypomania (ciclos rápidos) en niños con Trastorno Bipolar que reciben drogas antidepresivas de cualquier clase. Adicionalmente, el niño puede experimentar un aumento notable en irritabilidad y agresividad. El curso de la enfermedad puede alterarse si se recetan solo antidepresivos sin medicamentos estabilizadores de los estados de ánimo.

NAMI autoriza la reproducción de esta información siempre y cuando se mencione a NAMI como autor (Julio 2005).

Nuevas opciones para el tratamiento del Trastorno Bipolar

En comparación con la abundancia de medicamentos nuevos que han surgido en los últimos años para el tratamiento de enfermedades mentales graves como la esquizofrenia y la depresión, la ausencia de avances en cuanto a nuevas opciones de fármacos para los pacientes con trastorno bipolar (manía y depresión), ha resultado ser cada vez más frustrante y desalentadora. Actualmente los estabilizadores del humor de los que disponen las personas que sufren del trastorno maníacodepresivo se limitan a los antiguos recursos: litio (Eskalith, Cibalith-S, Lithobid) y el más nuevo, sodio divalproex (Depakote). Aunque estos medicamentos han demostrado ser útiles para muchas personas, hay un grupo bastante numeroso de personas con trastorno bipolar que no se han beneficiado de estas opciones o que padecen de efectos secundarios problemáticos. Lo que es más, algunas personas consideran que el litio y el Depakote son mejores para tratar la manía que la depresión, y se sabe que si se toman antidepresivos con estos fármacos se podría desencadenar la manía o la ciclación rápida. Los antidepresivos convencionales podrían no ser tan eficaces en el tratamiento de los episodios de depresión relacionados con el trastorno bipolar como lo son para tratar los episodios de los que sufren de depresión unipolar. Por esto, muchos médicos han empezado a experimentar con medicamentos que se recetan para el tratamiento de otras enfermedades, pero que en algunos estudios se ha demostrado su eficacia para tratar a personas que padecen de trastorno bipolar. Este tipo de uso de medicamentos se conoce como «sin apego a la etiqueta» (off label).

Nota: Es importante reconocer que usar los medicamentos en forma distinta a la indicada en la etiqueta generalmente se considera como opción sólo después de que han fallado todos los métodos de tratamiento tradicionales. Al igual que todos los medicamentos, estos nuevos fármacos funcionan de diferente forma en cada persona y cada uno tiene sus propios y singulares efectos secundarios. Aunque el descubrimiento de la eficacia de estos medicamentos en algunos casos señala un futuro con mejores y nuevas opciones para los que tienen trastorno bipolar, es necesario realizar muchos más estudios controlados. Estos fármacos no han sido aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, siglas en inglés) para el tratamiento del trastorno bipolar.

El tipo de medicamento que se utiliza con más frecuencia para el tratamiento del trastorno bipolar, y que es distinta a la indicada en su etiqueta, es el grupo conocido como anticonvulsivantes. Éstos se utilizan principalmente para la epilepsia y recientemente se ha determinado que varios de estos fármacos podrían ser eficaces para el tratamiento de personas con trastorno maníacodepresivo, particularmente para ayudar a estabilizar el humor.

  • Carbamazepina (Tegretol): Debido a su aparente eficacia como estabilizador del humor, Tegretol ha pasado a ser la opción de tratamiento de primera línea, a pesar que la FDA nunca lo ha aprobado para el tratamiento del trastorno bipolar. Los efectos secundarios que se observan con más frecuencia al tomar Tegretol incluyen resequedad de la boca y garganta, estreñimiento, problemas para orinar, disminución del sentido del gusto, mareos, somnolencia, inestabilidad motora, falta de apetito, náuseas, vómito, indigestión y diarrea. En algunas personas también se ha observado torpeza, vista doble, exceso de líquido en los tejidos o cavidades del cuerpo, erupciones cutáneas y complicaciones cardiovasculares. Además, existe la posibilidad de que se presenten efectos secundarios adversos que pongan en peligro la vida, como la disminución de los glóbulos sanguíneos que combaten infecciones y previenen hemorragias. El medicamento también puede tener interacciones negativas si se usa con Prozac, Luvox y litio. Además, no debe tomarse con inhibidores de la monoaminooxidasa (inhibidores de MAO). No se debe tomar durante el embarazo o lactancia (momento en el que las glándulas mamarias son estimuladas para producir leche). Por último, debe hacerse notar que es obligatorio controlar periódicamente el nivel sanguíneo y hacerse pruebas frecuentes de la función hepática, ya que la carbamazepina induce enzimas en el hígado. Cuando se combina con otros fármacos pueden ocurrir varias interacciones adversas.
  • Lamotrigina (Lamictal): Varios estudios indican que posiblemente Lamictal también ayude a estabilizar el humor en los que tienen trastorno bipolar. Se ha demostrado que el fármaco es un antidepresivo más potente que Tegretol o Depakote y parece tener una baja incidencia de efectos secundarios como aumento de peso y pérdida de cabello. Aunque parece que Lamictal puede tomarse con los inhibidores de MAO, tomar el fármaco simultáneamente con Tegretol podría aumentar la probabilidad de que se presenten efectos secundarios adversos. Los efectos secundarios que se reportan con más frecuencia son mareos, dolor de cabeza, vista doble, inestabilidad motora, náuseas, vista borrosa, somnolencia, erupciones cutáneas y vómito. Debe prestarse especial atención a las erupciones cutáneas las cuales, en casos extremos, han avanzado hasta el grado de convertirse en una grave enfermedad conocida como el síndrome de Stevens-Johnson o hasta han ocasionado la muerte. Se debe informar al médico inmediatamente sobre todas las erupciones cutáneas que aparezcan. La administración simultánea de Depakote aumenta el riesgo de que se presente una erupción en la piel.
  • Gabapentin (Neurontin): Se ha demostrado que también es eficaz como estabilizador del humor para los que padecen de trastorno bipolar. Neurontin no tiene una relación química con ningún otro anticonvulsivante. Asimismo, este fármaco ha sido sujeto a varios estudios, dos de los cuales se presentaron en la asamblea de este año de la APA. Al igual que Lamictal, se ha demostrado que Neurontin ocasiona una menor incidencia de efectos secundarios (aumento de peso, pérdida de cabello) que el litio y el Depakote. A diferencia de Lamictal, Neurontin parece funcionar más para aliviar la manía que la depresión y también parece ser un agente contra la ansiedad, más potente que Depakote y Tegretol. Además, no han habido informes que indiquen que Neurontin interactua negativamente con los inhibidores MAO, el litio, Depakote o Tegretol. Los efectos secundarios que se presentan más a menudo incluyen somnolencia, mareos, inestabilidad motora, movimiento rápido e involuntario de los globos oculares, temblores y vista doble. Una clara desventaja del medicamento es que es necesario tomarlo hasta cuatro veces al día, en comparación con las dos veces al día que se toman otros anticonvulsivantes.
  • Topiramato (Topamax): Este es otro anticonvulsivante que parece ayudar a regular el humor en las personas que sufren del trastorno maniacodepresivo. Topamax también se ha sometido a varios estudios. La ventaja aparente de este anticonvulsivante sobre otros es que no parece ocasionar aumento de peso, sino que más bien podría ayudar a disminuirlo. Por otro lado, Topamax parece ocasionar más efectos secundarios cognitivos que los demás medicamentos nuevos. Otros efectos secundarios que se presentan comúnmente incluyen somnolencia, mareos, problemas de la vista, inestabilidad motora, problemas del habla, aletargamiento psicomotor, hormigueo, nerviosismo, náuseas, problemas con la memoria, temblores y confusión. El Topamax no parece interactuar negativamente con los inhibidores MAO, el litio, Lamictal o Neurontin, pero combinado con Depakote o Tegretol, puede reducir los niveles de Topamax en el plasma.
  • ABS-103: Actualmente, este fármaco se está sometiendo a estudios preclínicos para evaluar su potencial como tratamiento para epilepsia, migrañas y manía. La evidencia sugiere que puede ser tan eficaz como Depakote, pero sin ocasionar tantos efectos secundarios. De hecho, podría ser que ABS-103 fuera seguro para las mujeres en edad de concebir.
  • La nueva generación de fármacos que se utilizan para tratar la esquizofrenia, conocidos como antipsicóticos atípicos, también se han investigado en ciertos estudios como posibles opciones de tratamiento para el trastorno maníacodepresivo.
  • Olanzapina (Zyprexa): Aunque recientemente la FDA negó la autorización para su comercialización para el tratamiento del trastorno bipolar, en algunas pruebas Zyprexa ha demostrado ser eficaz para tratar la manía cuando se usa junto con otros medicamentos. Un efecto adverso, el aumento excesivo de peso, puede ser problemático para algunos pacientes y puede conllevar a que no se cumpla con el régimen.
  • Fumarato de quetiapina (Seroquel): Otro antipsicótico atípico que actualmente se está investigando para usarse en el tratamiento del trastorno bipolar.

Los bloqueadores de la sustancia P son otro tipo de medicamentos recién creados que también podrían ser eficaces para ayudar a regular el humor. Esta clase de fármacos toma su nombre de la forma en que funcionan: a diferencia de los SSRI (inhibidores selectivos de la absorción de serotonina), que funcionan bloqueando la substancia química del cerebro llamada serotonina, estos medicamentos bloquean una substancia química cerebral llamada sustancia P. Esta sustancia se descubrió en 1931 y los medicamentos diseñados para funcionar contra dicha sustancia a menudo se han usado en forma experimental, pero nunca con éxito, en intentos de tratar padecimientos como neuralgia crónica, migrañas, ansiedad y asma. En un estudio reciente de un bloqueador de sustancia P denominado MK-869 se determinó que el fármaco funciona tan eficazmente como el SSRI Paxil, y ocasiona menos de los efectos secundarios que afectan la función sexual.

NAMI autoriza la reproducción de esta información siempre y cuando se mencione a NAMI como autor (Julio 2005)

Cosas importantes que debe saber si su familiar tiene trastorno bipolar

  • Aproximadamente 3 millones de norteamericanos tienen alguna de las formas del trastorno bipolar. Este trastorno afectivo es especialmente debilitante: La devastadora caída de la manía a la depresión es una experiencia terrible, y los períodos largos de normalidad que pueden ocurrir entre episodios, hacen que la persona y sus familiares crean que la enfermedad ha desaparecido. Sin embargo, el tiempo entre episodios tiende a disminuir a medida que la persona va envejeciendo, creando así un desafío que dura toda la vida para tratar de controlar la enfermedad; así como tratar de encontrar estrategias que mantengan los períodos de estabilidad.
  • El Trastorno bipolar I se diagnostica cuando un individuo ha sufrido uno o más episodios de manía completamente desarrollados, acompañado generalmente por uno o más episodios depresivos severos. Esta enfermedad también puede ser «engañosa». No es raro encontrar personas que han tenido varios episodios depresivos severos (y un diagnóstico de depresión severa) antes de sufrir un ataque de manía. Además, muchas personas que sufren de esta enfermedad reciben el diagnóstico de depresión debido a que ellos no reconocen (o informan) los episodios previos de manía. Este es el motivo por el cual consultar con la familia es esencial para obtener un diagnóstico apropiado.
  • Estadísticamente, el 90% de las personas cuyas enfermedades comienzan con un episodio sencillo de manía, sufrirán episodios en el futuro. La edad más probable para el comienzo de la enfermedad es entre los 15 y los 19 años; mientras más temprano ataque la enfermedad, más probabilidades tiene de ser severa, excesivamente psicótica y de recibir un diagnóstico incorrecto de esquizofrenia.
  • Como en el caso de la esquizofrenia, la violencia representa un riesgo más alto entre aquéllos que sufren de manía (o episodios mixtos) y que tienen pensamientos y delirios paranoicos, se vuelven muy agitados y no reciben tratamiento para la enfermedad. Además, la enfermedad bipolar presenta el mayor riesgo entre las enfermedades mentales severas a que la persona tenga problemas comórbidos de abuso de substancias.
  • La falta de sueño es la causa más común de la manía. Se recomienda informar al familiar sobre esta característica de la enfermedad. Es una señal precoz y confiable; si el ataque de manía se detecta en una etapa temprana, es posible «atajar» un episodio fuerte con los medicamentos apropiados.
  • Una vez que ha comenzado el episodio maníaco, los familiares tienen dificultades para convencer al familiar enfermo de recibir tratamiento. La negación y la falta de discernimiento son la regla en vez de la excepción en esta enfermedad; además, la persona que sufre de manía se muestra reacia a renunciar a la energía y a la euforia que caracterizan su condición. A menudo, las personas con manía no «se dan cuenta» de que tienen una enfermedad mental hasta que no se hayan estrellado varias veces y los hayan hospitalizado repetidamente.
  • El diagnóstico de un episodio bipolar mixto I se da cuando los síntomas maníacos y depresivos existen simultáneamente y suceden todos los días durante por lo menos una semana. En estos casos, la persona siente como si la energía de la manía es la que «provoca» la depresión. La mayoría de las personas con este subtipo dicen que lo que sienten es una depresión «enérgica». Los episodios mixtos parecen ser más comunes entre la población más joven, en personas mayores de 60 años con antecedentes de trastornos bipolares y en los varones.
  • En el bipolar II, los episodios depresivos son la característica predominante para el diagnóstico y deben venir acompañados de al menos un episodio hipomaniaco. A menudo, estos períodos de hipomanía no causan una aflicción clínica significativa pero las personas que sufren de esta forma del trastorno bipolar, quedan incapacitadas por los episodios depresivos serios y las fluctuaciones del estado de ánimo. Los síntomas psicóticos no aparecen en lo absoluto en las fases hipomaniacas ni tampoco son muy frecuentes en la fase depresiva de la enfermedad. La información que aportan los familiares es crucial para establecer el diagnóstico del trastorno bipolar II. A menudo, las víctimas de esta enfermedad no recuerdan los períodos de hipomanía sin la ayuda de la familia y los amigos, particularmente cuando ellos están deprimidos.
  • Se ha comprobado que el pronóstico del trastorno bipolar es mixto. Sólo un 30 al 40 % de las personas con trastorno bipolar regresan a un estado libre de síntomas entre episodios; más de la mitad no puede mantener períodos largos de bienestar y siguen sufriendo de problemas de variaciones en el estado de ánimo que interfieren con las actividades laborales e interpersonales normales. Otro 10 %, el que tiene el tipo de trastorno de ciclaje rápido, la pasan aún peor.
  • Este grupo del 60 % en general permanecerá libre de síntomas severos mientras estén tomando medicamentos, además, el tratamiento adecuado mejorará sus niveles de funcionamiento. Pero mantener el ánimo estable es todavía algo difícil.
  • Las personas que sufren del trastorno bipolar corren un mayor riesgo de suicidarse, especialmente si están pasando por una anhedonía severa, depresión psicótica, ansiedad o pánico en la fase depresiva de la enfermedad; cuando son alcohólicos y si son hombres.

NAMI autoriza la reproducción de esta información siempre y cuando se mencione a NAMI como autor (Julio 2005).

Una de cada dos personas con trastorno bipolar sin diagnostico

Psiquiatría. Lo confunden con depresión o directamente lo subestiman

LETICIA COSTA DELGADO

El trastorno bipolar provoca más años perdidos por discapacidad que la epilepsia, el Alzheimer y todos los tipos de cáncer. Sin embargo, menos de la mitad de los pacientes recibe tratamiento médico.

Más de 162 millones de personas (2,4% de la población mundial) padecen algún grado de trastorno bipolar, enfermedad mental que lleva a experimentar estados de euforia y depresión, de forma alternada. Sin embargo, en la mayoría de los casos la alteración del comportamiento que sufren quienes los padecen no es vista con seriedad y no recibe tratamiento específico.

La información se desprende de un relevamiento realizado en 11 países de América, Europa y Asia como parte del Estudio de la Salud Mental en el Mundo, un proyecto impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que pretende conocer mejor las patologías psiquiátricas padecidas por la población internacional.

El estudio, publicado en la edición de marzo de Archives of General Psychistric, identificó a Estados Unidos como el país con mayor índice de trastorno bipolar (4,4% de su población lo padece). El segundo lugar lo ocupó Nueva Zelanda (3,9%) y el tercero Colombia (2,6), algo que sorprendió a los investigadores ya que la mayoría de los países en vías de desarrollo demostró niveles inferiores.

Uruguay no formó parte de la muestra y tampoco cuenta con estudios epidemiológicos específicos. Pero la población sí lo padece. Según la médica Sandra Romano, profesora agregada de Clínica Psiquiátrica en la Facultad de Medicina, entre 8% y 10% de los ingresos anuales al Hospital Vilardebó, corresponden a personas con trastorno bipolar. Personas que pasan de meses de depresión severa a grandes estados de euforia (manías).

Según estimaciones de Romano, 10% de quienes padecen este tipo de trastorno, se suicida. Jimena casi forma parte de este grupo. «Es una idea que está todo el tiempo en tu cabeza. Pensás que lo tenés que hacer», dice a El País. Años atrás le habían diagnosticado depresión, pero superada la angustia se reintegró a sus actividades cotidianas. «Estaba fantástica. Tenía más energía de lo normal, igual no dormía, no me importaba», recuerda. Hoy, a la distancia dice que en realidad no era un estado «normal», sino una «hipomanía», un estado de euforia que no llega a ser descontrolado como en los trastornos más severos, pero que se encuentra en el otro extremo del trastorno bipolar. Pasada la euforia, la caída fue mayor. «Es rarísimo. Tu cabeza cambia. Estás todo el tiempo machacando, pensando cosas malas. La verdad, es horrible». Pero cuando consultó le volvieron a diagnosticar depresión. Hasta que cambió de especialista, y entonces sí acertaron en el diagnóstico, le corrigieron la medicación, y comenzó a mejorar.

Sin embargo, en muchos casos los pacientes no aceptan que sufren una enfermedad sino que lo consideran una alteración anímica pasajera y, en consecuencia, no llegan a pasar por su centro de salud.

Los datos relevados por la OMS indicaron que en los países subdesarrollados el 75% de los pacientes no recibe tratamiento médico. En los países en vías de desarrollo la cifra alcanza al 66%. Y en los de mejor nivel económico el 49% tampoco reciben cuidados.

Una de las razones por las que el padecimiento del trastorno se subestima, según los especialistas, es que la persona puede pasar meses sin sufrir ningún «episodio», es decir, ninguna crisis de depresión o euforia. «Un concepto básico, es que el trastorno bipolar es cíclico, no es una enfermedad que afecte el comportamiento permanente de las personas», aclara Romano. «Hay gente que tiene dos o tres episodios en su vida y hay gente que tiene cuatro o cinco por año.»

CAUSAS Y PREJUICIOS

El trastorno bipolar es una de las enfermedades mentales que tiene una mayor impronta genética. Sin embargo, no existe un conocimiento acabado sobre por qué y de qué forma se desencadena. «El mecanismo es sumamente complejo», afirma María Boussard, vicepresidente de la Sociedad de Psiquiatría Biológica del Uruguay. Una de las líneas de investigación se centra en un factor de crecimiento neuronal que esté disminuido y aumente el riesgo de que las neuronas mueran o sean disfuncionales. «En el sistema nervioso todo es muy intrincado», asegura. «Hay muchas sustancias pero no se sabe si son el origen o la consecuencia», del trastorno.

Una de las sustancias más escuchadas por quienes sufren la enfermedad es el Litio, un elemento químico presente en el organismo, administrado para estabilizar el estado emocional. Según Romano, existen muchos mitos sobre su administración. «No es que te falte Litio», enfatiza. «El Litio normalmente se encuentra en trazas, no hay que tener una determinada cantidad. Se emplea como estabilizador, pero no es para sustituir», aclara. Por otra parte, tampoco es efectivo en todos los casos.

En algunos pacientes se emplea en conjunto con otras sustancias y su dosis depende de cada diagnóstico. Para Romano, hay pacientes que se automedican y eso tampoco contribuye a que se recuperen. Debajo de la escasa consulta, indican las especialistas, también subyace un prejuicio social frente a la figura del psiquiatra y al hecho de tomar medicamentos durante toda la vida. Jimena cree que si lo comenta en su entorno le van a decir que «está loca». «La gente no entiende», comenta. Pero desde que toma su medicación, se mantiene estable y se siente sana.

Desde hace unos años complementa su tratamiento con grupos de psicoeducación, terapia que apunta a que pacientes y personas cercanas comprendan la enfermedad, compartan sus experiencias y se acompañen entre sí; esto le ha resultado de gran beneficio.

FUENTE: PORTAL DIGITAL EL PAIS