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Obesidad y Problemas Emocionales

on Miércoles, 01 Noviembre 2017. Posted in Blog

El problema de la obesidad es cada vez más una verdadera epidemia de magnitudes colosales, tanto a nivel mundial como nacional, las estadísticas se han disparado en los últimos años. Tan solo en México, entre el 2006 y 2015 han muerto un millón setecientos dieciséis mil novecientas ochenta y cinco personas por causas relacionadas con la obesidad (diabetes mellitus, isquemias del corazón, enfermedades hipertensivas y diversas formas de hiperalimentación). Pero este problema es mucho más complejo de lo que imaginamos, ya que la causa de la obesidad es multifactorial.

 

Al hablar de causas multifactoriales nos referimos a que el problema tiene como origen factores tanto energéticos, neuroquímicos, genéticos, celulares, endocrinos, ambientales y psicológicos. Esto hace que, a nivel psicológico, la definición de obesidad sea complicada, debido a que la obesidad, aunque es fácil de identificar, es complicada de explicar a nivel psicológico. Esto nos lleva a asumir que no existe una definición única de la obesidad, sino múltiples definiciones, las cuales responden a diferentes conceptualizaciones y explicaciones del mismo fenómeno.

Esta misma dificultad, exige que el tratamiento de la obesidad, para que funcione, sea multidisciplinario, ya que ninguna de las disciplinas afines a algunas partes de la explicación (medicina, genética, psicología, nutrición) pueden abarcar toda la complejidad del fenómeno. A nivel social, esta problemática, implica el hecho de la proliferación de “remedios milagro” los cuales aseguran “curar” la obesidad, con solo tomar una pastilla, o “untarse” algún ungüento o crema, o usar un dispositivo para hacer “tan solo 10 minutos diarios” y lograr con esto” olvidarse” del problema de la obesidad… Nada más lejano a la realidad.

Si tomamos tan solo la parte emocional o psicológica del problema, podemos encontrarnos con varias teorías sobre la obesidad:

Wadden y Stunkard han propuesto tres mecanismos fisiopatológicos para este abordaje: 1) la obesidad puede ser un factor de riesgo de otros trastornos; 2) puede ser un síntoma de otras condiciones patológicas; y 3) puede ser el estado final de compensaciones para regularse emocionalmente. (todo lo cual supone un trastorno emocional o psicológico). En la práctica, nos encontramos con algunos casos de pacientes que padecen problemas de obesidad, pero no tiene desarrollada una patología emocional, por lo cual, esta definición es parcial y aplica solo en algunos casos.

Gold clasificó en tres mecanismos el patrón alimentario asociado al ajuste emocional: a) la actividad oral funciona como un mecanismo de adaptación ante la presencia de signos de ansiedad, tensión, tristeza y frustración;

b) el hambre reemplaza situaciones de excitación, melancolía o ira; y c) la comida actúa como una droga para hacer frente a la carencia de ajuste social. Bajo esta concepción, la obesidad es percibida como una adicción a la comida, o en específico a los carbohidratos, lo cual presupone conductas compulsivas que requieren tratamiento para poder ser modificadas. En la práctica, hay un 40 % de pacientes, al menos en estadísticas que hemos elaborado en la consulta clínica de obesidad, que dan positivo en el test de adicción a la comida de Yale, los cuales requieren de tratamiento psicológico para manejar de forma adecuada su adicción. Sin embargo, un 60% de los pacientes obesos no son adictos a la comida.

La consideración de que diferentes estados disfóricos conducen a una conducta de sobreingesta (y la consiguiente obesidad) se sitúa en la base de todas las teorías psicosomáticas formuladas desde la publicación del ya clásico trabajo de Kaplan y Kaplan en 1957. La sobreingesta sería, según esta teoría, una conducta aprendida por el paciente con finalidades ansiolíticas o, dicho de otra manera, que busca reducir la activación secundaria a estados emocionales internos. Sin embargo, Robbins y Fray señalan que, si bien parecía claro que la sobreingesta sería el resultado del estrés, la relación entre ansiedad e ingesta sería curvilínea, de manera que grados bajos de activación incrementarían la ingesta mientras que los elevados tendrían una capacidad inhibidora de la ingesta y que el obeso mantendría la alteración de la ingesta no por su capacidad ansiolítica, sino porque el alimento actúa como un reforzador positivo para el paciente. Alrededor de un 40% de los pacientes sufren problemas de ansiedad y depresión entre quienes llegan a consulta de obesidad, por lo cual, estos pacientes requieren de un cambio psicoeducativo a nivel cognitivo-conductual para manejar de forma adecuada la comida.

Las condiciones ambientales, (familia, cultura, nivel socio-económico) también influyen sobre la percepción de los alimentos en la persona, debido a que los pacientes obesos, en la cultura contemporánea son estigmatizados y devaluados, ya que la sociedad los considera como personas débiles, torpes, y poco motivados para realizar un cambio que se cree solo depende de la “fuerza de voluntad” de la persona obesa. Desgraciadamente algunas veces, los mismos médicos no son empáticos con sus pacientes y los consideran “feos”, “débiles de voluntad”, “mentirosos” y “torpes”. Peor desgracia es, que algunos pacientes creen esta consideración verdadera y la aceptan. Lo cual hace que algunos médicos sean irrespetuosos con sus pacientes y algunas personas tengan temor de acudir al tratamiento (principalmente las mujeres) porque sienten que podrán ofenderlas por su problema con el peso.

Como se dan cuenta este problema es complicado, por lo cual solo doy una semblanza general, ya que en posteriores artículos podremos ahondar más en el tema. 


Felipe Martínez de los Santos
Psicoterapeuta Especialista
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Emociones Tóxicas

on Miércoles, 18 Octubre 2017. Posted in Blog

Hablar de emociones es hablar de nuestra propia historia. El papel que éstas juegan en nuestra vida es primordial pues, con frecuencia, rigen nuestras conductas, nuestras respuestas ante los acontecimientos y, por ende, nuestra relación con el mundo y con los demás.

A partir del surgimiento del libro de Daniel Goleman, La Inteligencia Emocional en 1995, es que hemos volteado a ver nuestras emociones con más seriedad dándole mayor importancia al papel que juegan en el desarrollo, no sólo de nuestra vida diaria, sino de nuestra vida profesional y bienestar personal.

Sin embargo, desarrollar inteligencia emocional, no necesariamente significa controlar nuestras emociones para que ellas no nos controlen a nosotros; más bien la meta sería, en primer lugar, conocerlas, para manejarlas de forma adecuada y sana para nosotros y para los demás.

Las emociones no son buenas ni malas; simplemente son, existen y su función es hacernos saber que algo está sucediendo, “son procesos que se activan cada vez que nuestro aparato psíquico detecta algún cambio significativo para nosotros” (Psicología Uned, s.f.). Están para ser sentidas y tomadas en cuenta, pero no para dominar nuestras vidas, apagar nuestra energía ni causarnos sufrimiento.

Cuando nuestras emociones se convierten en sufrimiento es tiempo de sanarlas. De reconocer que han permanecido con nosotros demasiado tiempo convirtiéndose en tóxicas y es momento de soltarlas, de sacarlas, de hablarlas, pues esconderlas y pensar que callándolas desaparecerán, es una fantasía. Convertirlas en nuestras compañeras inseparables no nos evitará el sufrimiento, por el contrario, lo hará más grande.

Por ejemplo, si has sido traicionado, es normal sentirte enojado, pero no lo es el volverte un resentido.  Si has sufrido alguna pérdida, es normal sentir tristeza, pero no lo es permanecer apesadumbrado de por vida.  Si has cometido un error o lastimado a alguien es natural sentir culpa por ello, pero no lo es sentirte culpable de todo y siempre. Otras emociones que pueden convertirse fácilmente en tóxicas son el miedo, el estrés, la ansiedad, los celos y el apego, por nombrar algunas.

Las características principales de las personas con emociones tóxicas son:

Ø  Buscará ser amada a cualquier precio.

Ø  Buscará la aceptación y el reconocimiento de los demás a través de los bienes que posee.

Ø  Buscará su valía en el exterior dando excesivo valor a las opiniones de los demás.

Recordemos que lo importante no es lo que sucede afuera sino dentro de nosotros. Es nuestra percepción, nuestras experiencias y aprendizajes lo que nos genera una u otra emoción ante lo que sucede. Esto nos da la esperanza de saber que nosotros tenemos la llave para sanar esas emociones tóxicas que nos hacen daño. Que, si queremos, podemos dejar de sufrir y pasar del pesar, el resentimiento, la culpa o el miedo a la armonía y la paz que da el manejo sano y adecuado de nuestras emociones. 


Verónica Bolaños S.
Psicoterapeuta
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Referencias:

Psicología Uned. (s.f.). Psicocode. Obtenido de http://www.psicocode.com/resumenes/2EMOCION.pdf

Stamateas, B. (2009). Emociones Toxicas. S.A Ediciones B.